Archivo de la etiqueta: Tierra

EL SUEÑO

75A62FCF-7450-4616-BA61-9A3667B19EEA

Soñé que habitaba en un planeta llamado Tierra. Era un planeta de una exuberancia y belleza de cuento. Nada escapaba de su inmensa plenitud. Allí los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, habían esculpido con todo el sublime arte de que eran capaces, las maravillas que en él se encontraban.

Llegó un día que se necesitó de otra inteligencia, que al igual que un director de orquesta, dirigiera la música de la naturaleza. Entonces Dios, de manera razonable, depositó una brizna de esa sublime inteligencia en un nuevo ser dotado para acogerla. Llamó a esta nueva criatura “hombre”, en un sentido neutro.

Comenzó a desarrollarse en este azul planeta y se erigió en su dueño.

Al principio disfrutaba, como un auténtico niño, de todos los prodigios que se le iban mostrando a su alrededor y de los cuales se sentía bendecido.

Todo tenía un ritmo regular y necesario para su equilibrio: el día daba paso a la noche, las estaciones se sucedían, todo se renovaba con los ciclos naturales de nacimiento y muerte.

En mi sueño me recorrían sensaciones que poblaban mi ser y acudían a darme la razón de mi estar aquí. Tenía que rodar mi vida desde mi nacimiento como si de una película se tratase. Porque tenía que SER y, para ello, tenía que ESTAR.

Pasó mucho, mucho tiempo y en la Tierra habitó un mundo inmenso, donde una gran multitud de SERES se manifestaban y cada día se afanaban en seguir experimentando y llenar de momentos su VIDA. Así se iba escribiendo el libro de este magnífico planeta azul.

Pero llegó un tiempo en que el hombre se fue distanciado de su SER auténtico y su inteligencia ya no vibraba al ritmo que el corazón del planeta Tierra le marcaba. Poco a poco se fue erradicando de su influjo y actuando dentro de él con una arrogancia y superioridad que le dictaba su ego excesivo. Como consecuencia de esto, todo comenzó a cambiar a partir de aquí en el planeta Tierra.

Los primeros que sufrieron nefastamente, fueron las criaturas que el hombre creía que eran limitadas ante sus ojos: los animales. Se les fue expulsando de su hábitat natural y algunos llegaron a la extinción. Grandes y continuas guerras entre los hombres trajeron destrucción, muertes innecesarias, mucho dolor, hambrunas, enfermedades… Los mares se llenaron de deshechos propiciado por las ingenierías industriales del hombre, tales como residuos perniciosos y muchos plásticos. Las selvas masivas se fueron talando y quemando consiguiéndose cada vez más deforestación y desertización. A los ríos se les fue envenenando con los químicos vertidos de manera incontrolada. Se produjeron cultivos transgénicos que agredian la verdadera naturaleza de su esencia vegetal.

Ya no se sabía en qué estación se estaba. La climatología estaba dando un giro radical y los polos helados de la Tierra, que contenían una inmensa cantidad de agua congelada, se estaban derritiendo y elevando, consecuentemente, el nivel de los océanos. Esto, repercutirá negativamente en todo el ciclo natural y cada vez más tierras estarían sumergidas, destruyéndose las ciudades que hoy estaban en las costas.

También el hombre comenzó a tener enfermedades cada vez más indefinidas pero trascendentales en su vida: alergias, intolerancia, estrés, fobias, ansiedad, depresión, bipolaridad, cánceres de todo tipo. Y poco a poco este maravilloso planeta se vio mancillado en su más profundo sentido por todo este estado de cosas.

Eran muchos los que comenzaron a darse cuenta de todos los cambios que paulatinamente se estaban experimentando y querían cambiar todo lo que iba produciendo este caos, volviendo al origen.

Se dieron cuenta que la tecnología era un instrumento beneficioso o pernicioso según las pretensiones con las que se usase. Si sólo el egoísmo y la ambición estaba en el sustrato de los que actuaban, no se daría el respeto y equilibrio necesario para conseguir bienestar y se invertiría el orden de los factores que ayudarían a conseguir la evolución sostenible dentro del planeta Tierra, contrariamente, se darían todo tipo de fenómenos climáticos alterados, sufriendo cada vez más cataclismos ambientales y desestructuración de todo el sistema interior creado por el hombre. Algo que ya se había ido saliendo de sus límites y, no obstante, no se sabía realmente llegar a un acuerdo en el mundo para poner fin a este cada vez mayor desastre, y sin poder acceder a ningún otro planeta tan genuinamente sorprendente por la maravilla de lo que en él se nos había regalado.

En mi sueño llegué a sentir tantísima pena por la ingratitud y necedad de los seres que habitaban este mundo, y que encima, se creían superiores, que mi corazón quiso darles la espalda.

Pensé, ¿qué cómo era posible que estuvieran tan ciegos y no se dieran cuenta mirando hacia su interior, para encontrar la guía y remitir tanto desastre?.

Sólo si encuentran la semilla del amor naciente en el corazón de cada célula que los conforma, se abstendran de prostituir  con la ambición desmedida, a la naturaleza y los ciclos que los proveen.

Entonces desperté de mi sueño y un algo torcido perduró en mí por algún tiempo, dejándome un regusto amargo.

Aquí donde moro no hay tiempo, y después de darle vueltas y más vueltas al caos que sentí en el sueño, le pedí permiso a Dios para reencarnarme nuevamente,  y poder aportar  algo de la sabiduría que Dios quiso que volviera a trasladar al espíritu errático de los hombres.

Hoy nació un niño, en un lugar del universo llamado Tierra por sus moradores, que hizo saltar lágrimas de contento a sus progenitores y del que se iba a escribir de sus pasos aquí, durante toda la siguiente evolución de la humanidad. Será el caudillo que haga germinar la semilla de lo que verdaderamente fundamenta al Ser.

©Marybella

EL VIOLINISTA

 2551FE63-C3A8-4C43-B15A-31D66222E238

(Imagen sin derechos de autor)

Se decía de él que era raro, siempre solo, acompañado únicamente de su violín. Vestido siempre de negro, se apostaba en una esquina de la plaza. Desde ahí iba atrayendo  con sus enigmáticos y bellos rasgos, y consiguiendo reunir a todas las personas que pasaban por allí. Su cara aparecía seria y concentrada, como mirando a su interior y con unos ojos grandes, semejantes a un lago profundo y sin fin. Iba tomando las partituras y las colocaba en el atril, después abría el estuche del violín y lo dejaba en el suelo. A continuación se colocaba el instrumento entre el hombro y la barbilla y le acercaba el arco, lo hacía vibrar para ir afinándolo: apretando una cuerda, aflojando otra y volviendo a empezar hasta conseguir un afinado perfecto. Mientras, alrededor de él y expectantes, se iban reuniendo un nutrido grupo de personas.

Comenzaba su concierto como solista y con gran maestría iba sacando bellísimos sonidos, interpretando obras de  compositores clásicos. Pero no obstante, a él solo le importaba más que su violín y la música, el efecto que conseguía con ella.

Tocaba en diferentes puntos de la ciudad y no le gustaba hacerlo más de dos horas en el mismo sitio. Necesitaba cambiar, ya que después de tocar, su música seguía viva, aunque él ya no tocase. Era como si se transformase alcanzando otra dimensión. Su sonido se espesaba y se hacía casi sólido, poblando el espacio del lugar. Veía como lograba meterse en las cabezas de las personas que estaban paradas o circulaban por allí.

Su música era su hija, la paria al mundo y la dejaba libre. Tenía que crecer y tomar la mejor forma para adaptarse a lo que convenía, según las circunstancias y vivencias de cada persona.

Fue pasando el tiempo y el violinista ya no encontraba un lugar nuevo donde tocar, sabía que le quedaba poco tiempo para seguir allí. Su música había logrado poblarlo todo.

La ciudad parecía otra, ya no era la misma que cuando el extraño violinista llegó y comenzó a tocar con su violín. Ahora la gente no gritaba, ni se enfadaba, ni tenían deseos de mentir. Había algo especial en el ambiente haciendo que a sus habitantes les llegara sosiego y paz. Y aunque cada uno seguía haciendo sus labores cotidianas, el ritmo marcado era diferente, se había vuelto armónico: sin estrés, sin precipitación, sin ansiedad.

Habían llegado a encontrar la manera de tener tiempo para sentirse los unos a los otros y ver como se podían ayudar, tirando los muros de reclusión donde su propio egoísmo los tenía encerrados. Ahora sus ciudadanos habían ido creando y estrechando nuevos y mayores lazos de amistad. Debido a ello ya nadie sentía soledad ni desamparo.

Un aire nuevo de fraternidad auténtica y sin intereses egoístas lo llenaba todo. Y lo más espectacular era comprobar como el miedo que antes tenía atenazada el alma de las personas, se había eclipsado, dejando paso al amor.

La energía que esa ciudad desprendía se fue extendiendo poco a poco y como una pandemia de buena vibración, fue amplificando su radio y llegando a todos los rincones de la Tierra, no quedando ni un metro del planeta que no sintiera esa maravillosa fuente energética que les propiciará al cambio. 

Por todo lo acontecido, el planeta cambió sus revoluciones y se hizo más etéreo, pasando a otro nivel superior, donde la espiritualidad tenía más importancia que lo material. Motivándose con ello,  que sus gentes hubieran empezado a ser más ligeras y casi transparentes. Solo con mirarse a los ojos o con el pensamiento podían comunicarse sin problema, así no se desperdiciaba ninguna energía. Toda ella era necesaria para seguir creando nuevas fuentes de buenas vibraciones y llevarlas a otros niveles más bajos de vida donde poderlas infiltrar a sus moradores, ayudados por el influjo de ciertos ángeles o avatares, como lo había conseguido hacer “el singular violinista” de nuestra historia.

© Marybella

BIODIVERSIDAD

 

biodiversidad

La Nasa lleva varias décadas buscando vida en el universo. Buscan planetas con una morfología, composición química y situación semejante a la Tierra con relación a su estrella.

Llegaron en una nave íntergaláctica y descubrieron un mundo de flora animal, una especie nueva forjada desde una biología elemental. Esos dientes de varias filas y esa lengua carnosa  metidos en la manzana estaban hechos para devorar de día. Pero por la noche las rojas manzanas se volvían dulces y de una textura suave, entonces y solo entonces, cuando dormían, se les podía hincar el diente a hurtadillas, sin que ellas se pudieran oponer a ser devoradas por otra especie carnívora.

Marybella

 © Todos los derechos reservados