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NADA Y TODO

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No soy luna ni quimera,
ni rayo de sol ni hoguera.
Soy tiempo…
sumergido en el espejo de las esferas.
Momento absoluto poblando cada nube etérea
que da leyenda a lo oculto en cada noche negra
y asoma por la senda que transita mi vereda
aminorando pasos que me llegan, quiera o no quiera.

No soy mar ni cauce,
ni ola de espuma ni sirena.
Soy mensajera…
recorriendo el firmamento, saltando de estrella en estrella.
Sueño de inquietudes que habitan cada frontera
volcando lo incierto que la vida nos deja
y añade verdades que caracolean
para encontrar la fragua donde nace la esencia.

No soy fragancia ni rosa,
ni cristal que centellea.
Soy el todo de la nada…
que resurge cuando creas.
Realidad amaneciendo del letargo adormecido
que vuela y se propaga como ecos replicando el sonido
y dejan notas que modulan el compás
mientras vibra lo que asoma y le da identidad.

Soy…y no soy.

©Marybella

LA SOLEDAD BUSCADA

La soledad buscada

Necesito mi tiempo, mi soledad. Y lo necesito como el alimento que me sustenta para poder vivir. Es precisamente, ese tiempo vivido en soledad, el que me hace encontrarme y reunirme conmigo misma. Es desde ahí, donde tomo de nuevo la guía para seguir y no perderme en el camino que voy haciendo en la vida.

¿Qué sería de mí sin mi soledad?

Seguramente, solo un complejo sistema compuesto de millones de partículas aunadas en un cuerpo que no se conoce, y no se conoce porque no se evalúa, no sopesa lo fundamental en la dinámica en la que cada instante se combina intrínseca y extrínsecamente con lo que interactúa.

Qué importante es la soledad buscada de uno mismo, esa que se vive internamente y nos llena con el examen reiterado de nuestros sentires, de nuestras acciones, de nuestras reflexiones y de nuestras vivencias en general. Es por ello, que se hace muy necesaria esa soledad para fluir y que nuestra esencia obtenga salida y no quede empantanada.

Sí, necesito mi soledad buscada para atisbar ese tiempo, necesario, que de vez en cuando nos damos para dilucidar en qué momento de nuestra vida nos encontramos, en ver que senda elegimos, en sopesar lo importante que algunas cosas son y averiguar por qué nos marcan. En darnos cuenta que solo somos tiempo del que se nos dota al nacer, y qué en ese tiempo, que tiene una duración limitada, también se nos ha dado el derecho de administrarlo.

Cuando somos jóvenes el tiempo parece infinito, inagotable…hasta que luego llega un momento, después de pasado el ecuador de nuestras vidas, donde miramos hacia atrás y divisamos la senda recorrida, entonces, nos sorprendemos al sentir que se nos pasó volando. Ahí, ya vamos recogiendo la subjetividad que tiene el tiempo vivido que pasó y lo adentramos profundamente en nosotros, como si encadenáramos en nuestro ser todo lo que fuimos para no perderlo y que siga permaneciendo en nuestro yo. Es gracias a nuestra propia memoria histórica, que seremos capaces de mantenernos en ese continuum y reconocernos en el tiempo, conservando la integridad mental y psicológica que nos constituye, y con ella seguir nuestro paso por la vida hasta nuestra realidad presente.

El estar confluyendo en las distintas corrientes, que cada uno aporta en el ancho mar de la sociedad, hace que nos desestabilicemos con el recíproco feedback que se produce cuando damos y recibimos en continua interacción. Para ayudar a recomponernos necesitamos buscarnos en lo profundo de nuestro ser y para ello, está la bendita medicina de la soledad buscada, que nos da el puntal objetivo para revisar y optimizar la realidad que vivimos y proyectarnos como lo que de verdad somos. De ahí, cuando encontramos personas que no necesitan de caretas para andar por la vida, se sienten seguros de sí mismos y es porque se conocen y saben perfectamente lo que son capaces de dar de sí. Viven, cuando interactúan con los demás, proyectando un halo de verdad que está enraizado profundamente en su esencia.

Igual que vestimos nuestro cuerpo externamente, así mismo también vestimos nuestro interior con otras prendas intangibles. Pero cuando me asomo al mundo son pocas las personas que su vestimenta interior habla de verdad y de amor. Entonces yo me pregunto: ¿si no tienen nada mejor en el armario, qué van a proyectar y dar al mundo?…somos entes pensantes formados de espíritu y materia. El espíritu es lo que da coexistencia a todo lo demás, es lo que te hace único y te dota de la dimensión de lo que de verdad eres. Si en él es donde te encuentras, nunca podrás perderte, porque mirar hacia nuestro interior es abrir ventanas para iluminar nuestros pasos por la vida y sacar lo genuino e inmortal que habita en nosotros.

Precisamente, es la soledad interior y buscada, la que me abre las espitas y me hace consciente de todo lo que soy, y con ello, consigo reflexionar e integrar profundamente en mi, lo que vivo y siento. Porque no solamente se vive, hay que sentir cómo se vive, y para ello, tenemos que desmenuzar ese sentir prodigioso del que estamos dotados y averiguar las emociones que nos pueblan.

Da mucha pena de aquellas personas que no buscan su verdadera esencia en su interior y son balanceadas continuamente por los vientos que se van marcando desde afuera. Siempre dejándose llevar por los demás, copiándoles, queriendo ser un reflejo de éste o de aquel. Perdiéndose reiteradamente en ese complicado laberinto que forman las relaciones humanas, sin llegar nunca a sentir su verdadero ser, y a manifestarlo creando su propio espacio interior y ganándose, por ello, su espacio externo. Esas personas se van diluyendo poco a poco y llega un momento, qué en base a no sustentarse en nada, se sienten vacíos.

Y ya por último, decir, que gracias a la soledad buscada también podemos indagar en nuestros miedos, que son los responsables, mayoritariamente, de boicotear continuamente nuestros afanes, alejándonos de ese deseo subyacente y sin dejarnos que vea la luz, siendo así, como queda bloqueada nuestra iniciativa.

Si no residimos en nuestra casa espiritual, concediéndonos el tiempo necesario con nuestra SOLEDAD BUSCADA, difícilmente sabremos lo que de verdad nos habita.

©Marybella

LA VIDA ES UN SUSPIRO

La vida es un suspiro

 

A veces me pregunto ¿cómo que ya estoy aquí, en este punto de mi existencia, si cuando miro hacia atrás, apenas me ha dado tiempo de darme cuenta de todo lo que en esa trayectoria ha ido pasando?

Somos tiempo que cada vez va más y más a prisa. Me recorre el vértigo de apreciar que pase el ecuador y eso que viví ya nunca más volverá. Estoy aquí ahora, quizás un poco más sabía para constatar lo importante de cada segundo, que como ola llega a la playa y se desvanece. Ser más consciente de ello me hace saborear esos instantes que se van superponiendo y haciendo vida, la mía.

Cuando miró hacia delante me asalta esa esperanza de todas las lunas que todavía puedo contemplar, de todas las estaciones que me faltan por disfrutar; pero si el mundo de mí alrededor vuela de esta manera, ¿cómo hacer que se sosiegue y me deje respirar? Casi me ahogo al comprender que soy un punto, un instante, una anécdota llevada en el caballo del  tiempo y surcando el espacio en  un espejismo que se funde en el crisol del universo.

Marybella

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CERCA DE TI

 

Cerca de ti

Caminaré sobre tus huellas,

siempre cerca de ti.

Sentiré el latido que dejes,

el aire que despejes,

el calor que transfieras,

el sonido que acompañes…

Beberé de tu tiempo

estirando los segundos

que te alejes de mi.

Y cuando camines,

reanudaré ese camino

de manera infatigable,

sin dejar de seguirte,

ni despegarme de ti.

Que no es amor,

ni protección lo que doy.

Solo tu sombra indivisible soy.

Maribel Durán

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