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REFLEXIÓN

Reflexión

Estaba demasiado sumida en su problema dentro de su entorno familiar y laboral para poder asumir su propio conflicto interior. Este,  realmente,  se encontraba en el miedo a sentirse sola y que dejaran de estimarla. Ese pensamiento negativo, precisamente, le desencadenaba todo tipo de emociones también negativas que, inconsciente y erróneamente, le hacían sentirse protegida, tal como: la ira, la tristeza y el miedo.

Un día que se encontraba en su puesto de trabajo delante de la pantalla del ordenador, empezó a acometerla una sensación interior de luz que ayudó a su comprensión. Se dio cuenta que era a ella y a su vida misma, a lo que tenía que aprender a amar, incluso antes que a los demás, eso le daría un valor que había estado exento, hasta entonces, en ella. Dotándola de la suficiente autoestima para hacer sentir hacía afuera, lo mejor que llevaba dentro.

Necesitaba para ello, encontrar ese amor profundo y sereno dentro de sí misma, que le hiciera llegar más plenamente a su autoconocimiento y comprensión.

También entendió que un conflicto es una oportunidad, precisamente, de mirar hacía su interior para no censurar y juzgar hacía afuera. Eso la hizo despejar las dudas de pensar que todos la juzgaban y por ello dejar de estimarla, para centrarse en trabajar el verdadero amor.

También supo que el conflicto mientras existiera la vida y en ella el ser humano, no dejaría de darse. Todos tenemos ideas y experiencias diferentes sobre las cosas, pero lo que le quedó claro dentro de su corazón, fue qué lo que uno elige construir o destruir después del conflicto, no depende más que de sí mismo.

© Marybella

 

¿QUIÉN HA DICHO QUE EL MIEDO SEA MALO?

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A continuación me gustaría hacer una disertación del hombre en su secuencia filogenética, con los mecanismos de desarrollo que despliega para la doblegación de la naturaleza y su comprensión, fruto del crecimiento de su inteligencia. Y por qué el hombre como ente creado en este universo, sigue una pauta fija, incrustada en lo más profundo de su esencia.
El hombre por naturaleza es un ser cambiante. En su contínua evolución va revisándose y actualizándose. Contrasta su experiencia con los acontecimientos que se van encadenando y, en la mayoría de la veces quiere obtener ventajas a cambio. Ese revisarse y repensarse, le va ofreciendo una estabilidad que le dá el equilibrio necesario, para seguir caminando ante la incertidumbre que lo envuelve.
El hombre siempre ha tratado de domar el caos, ya sea con brujerías, supersticiones, divinidades, religiones, filosofías, ciencias, tecnologías, ….y con un largo etc. Pero no obstante, siempre sigue teniendo esa necesidad de controlar, de hacer suyo, de comprender, de saber, de crecer ó evolucionar, de progresar; es decir, de poder llegar más allá.
El hombre presiente desde siempre que el camino es largo, sí, tan largo que cada día lo sigue andando y nunca termina. Es esa continuidad en el tiempo, que va parcelando en diferentes disciplinas para no perderse y valerse de ellas cuando las necesita, las que lo avalan y lo sujetan a la realidad que vive. Pero su impulso surge desde el mundo inmaterial de sus ideas. –verdadero motor que le va a ayudar, para ir conquistando todas las plazas posibles en su trayectoria –.
Pero lo que al hombre le hace avanzar sin duda, es algo muchísimo más elemental, escrito ya en la primera célula del origen, y es: SU MIEDO A DEJAR DE SER, es decir, a que lo desconocido le cause daño, de ahí precisamente, su necesidad intrínseca de controlar, de hacer suyo –al que me refería –, de tratar de aclarar la duda, de encontrar la verdad, de gustarle el saber como instrumento para hacerse con la mayor sabiduría y con ella del mayor dominio.
El hombre deviene en un ser que a través de cuestionarse todo, por sentir verdadera incertidumbre y miedo, se hace filósofo.
Este miedo es una impronta en su esencia para la búsqueda sin fin. Es la semilla de la que ha germinado todo y de la que se sigue sirviendo, pese a todo el bagaje histórico, cultural y educacional del que ha ido revistiéndose. Y es el que sigue imperando en la civilización actual.
El hombre si no tuviera esa necesidad de control que le dá su miedo intrínseco, no habría llegado en su largo camino recorrido hasta aquí.
Por ejemplo, el hombre en su faceta política, es ese ser revestido de lo expuesto anteriormente, pero dentro de un propósito social: prevalecer sobre aquello que le es  desconocido y le provoca inseguridad. De ahí, muchas veces cuando se siente amenazado, la reafirmación en su propia visión de la realidad social que lo rodea. Si esa amenaza es relevante para la consecución de sus fines sociales, provocará unas reacciones igual de relevantes en sus posibles respuestas. El miedo a la libertad en este caso, nos lo causa el miedo por la imposición del otro.
También, cuando el joven, llegado el momento abandona “el nido”, pese a lo conocido, seguro y confortable que se pudiera encontrar, surge esa impronta como miedo por dejarse controlar y busca formar su propio nido. El hombre actual necesita encontrar su identidad y valerse. Es precisamente su miedo a no ser, el que le hace buscar su propia independencia y control.
Si el hombre es hombre, es gracias a su gran afán en buscar y comprender lo que lo rodea, y la impronta del miedo a dejar de ser, esta tan intrínsecamente presente en su esencia, que es también la que ha posibilitado todo lo aventurero y explorador que hay en la humanidad., lo que no se conoce, no se sabe a priori como nos puede afectar, si se nos manifiesta (no controlamos), ese es el empuje que utiliza el hombre para su búsqueda existencialista y que derrama en todos sus ámbitos, como semilla pronta a germinar en el área que se necesite.
Por lo cual hay un miedo atávico, insertado en lo más profundo de la esencia humana, algo reptiliano y que toda la ilustración desplegada en la humanidad hasta nuestros días, no ha podido borrar.
Maribel Durán

© Todos los derechos reservados

 

TAMBIÉN SOY GALLINA

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Estoy presente aunque no me veas, soy la que hace la fotografía y explayo con ella, toda la intensidad de este bucólico momento que mi alma vive.
Salí muy de mañana con un solo objetivo, recrear mi mirada con el confort que me produce la naturaleza cuando siento que mi persona lo necesita.
Estoy a falta de esa inspiración que nace de lo genuino y mientras, me reconforto con los estímulos que me dan sosiego y paz.
Poder expresar y comunicar es mi medicina. Abrir las esclusas y desaguar todo lo que se fue acumulando dentro del caudal. Pero hacerlo con arte y con una finalidad, que llegue a otros, que refleje ese algo de mi. Recobrando una arista más consciente de identidad y haciendo que algo perdure en la temporalidad, que sé, es parte extrínseca de mi y de toda la humanidad.
Aquí sentada, notando el aire mover sutilmente mi pelo, saco mi pluma y comienzo a escribir esto. Lleva el mensaje de lo incierto, a modo de instantánea, que recorre mi pensamiento y me brinda la oportunidad de sacar a la luz lo que se me va tendiendo.
Mi bicicleta apoyada en el tronco, allí donde la aposté. La gallina ponedora es mi compañía. Llegó hace poco, con su picoteo continuado y su pisar certero. Cercana, se dedica a seguir picoteando cualquier cosa que llama su atención, también su cacareo no deja de decirme que está ahí.
Ahora es mi protagonista, aquí le doy identidad. Le digo: pita…pita..gallinita.., pero ella sigue a lo suyo. Me ve tranquila sentada en la hierba y trazando letras en la libreta. No soy para ella nada especial, quizá algo incidental que surgió como otra brizna más de hierba. Pero cuando me levanto y doy unos pasos hacia ella, algo la hace cambiar. Rápidamente yergue su cuello de manera altiva y con un cacareado más agudo y de tono elevado, sale disparada hacia la protección que le da la maleza. Necesita esconderse, ha tomado consciencia de otra realidad. Ahora puedo ser peligrosa para ella, ha experimentado mucho miedo y por eso huye lejos de mi.
Me sonrío y pienso lo que ella con su conducta me mostró: cuantas veces soy esa gallina que huye despavorida sin un motivo real y deja de disfrutar lo que la vida le da.

Maribel Durán
© Todos los derechos reservados

NO HAY MIEDO QUE VALGA

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Muchas veces tenemos miedo, miedo de lo que podríamos no ser capaces de hacer, miedo de lo que podrían pensar los demás si lo intentamos.

Dejamos que nuestros temores se apoderen de nuestras esperanzas. Decimos que no, cuando queremos decir que sí. Nos callamos cuando queremos gritar y gritamos con todos cuando deberíamos cerrar la boca.

¿Por qué?.Después de todo sólo vivimos una vez. No hay tiempo de tener miedo. Entonces,  ¡basta! Haz algo que nunca hiciste. Atrévete. Olvídate que te están mirando. Intenta la jugada imposible y corre el riesgo. No te preocupes por ser aceptado y no te conformes con ser uno más. Nadie te ata, nadie te obliga. Sé tú mismo.

No tienes nada que perder y todo,  todo por ganar. Muchas veces creemos en el destino. Esperamos que las cosas pasen y nos olvidamos de lo más importante. ¡Creer en nosotros mismos! Nos conformamos en vez de arriesgarnos, sin pensar que cada día que pasa nunca volverá. Nada está escrito, nada está hecho. Ni siquiera lo imposible. Todo depende de nuestra voluntad. De esa fuerza que nos sale de dentro, de decir “si puedo” a cada desafío.

Tenemos el poder si estamos decididos, si estamos convencidos, si de verdad queremos algo no hay obstáculo capaz de imponerse. Porque si queremos podemos llegar alto, hacer lo que sea… sólo hay que proponérselo. Si sueñas con ser mejor, si sueñas con vivir, si sueñas con ganar… ¡Despiértate!

Dentro de ti hay 206 huesos y más de 700 músculos esperando, sólo falta tu decisión y tus ganas de jugar como nunca. Enfréntate a tu destino y no seas solo un espectador o un actor secundario. Se el protagonista de tu propia película.

Es tu vida y puedes exigirte más y más. Así correrás cada día un poco más lejos, saltarás cada día un poco más alto. No esperes que nadie te cambie la vida, solo tú puedes hacerlo y eso será cuando sientas que cada instante depende de ti. Así se fortalecerá tu espíritu y poco a poco, las voces se convertirán en ovación.

Tus respiros se llenarán de logros y tu vida de sentido. Están los que usan siempre la misma ropa. Están los que llevan amuletos, los que hacen promesas, los que imploran mirando al cielo, los que creen en supersticiones etc…y están los que siguen corriendo cuando le tiemblan las piernas, los que siguen jugando cuando se les acaba el aire, los que siguen luchando cuando todo parece perdido. Como si cada vez fuera la última, convencidos que la vida misma es un desafío. Sufren pero no se quejan,  saben que el dolor pasa, el sudor se seca y el  cansancio termina.

Pero hay algo que nunca desaparecerá, la satisfacción de haberlo logrado y pese a que en sus cuerpos corre la misma sangre, lo que los hace diferentes es su voluntad. Ella marca la determinación de alcanzar la cima. Una cima a la que no se llega superando a los demás, sino superándose a uno mismo.

Tiempo sobra para los mediocres, pero tiempo falta para realizar tus sueños. Por ello haz que cada momento cuente, porque nunca sabes cuando terminará la partida.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados