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OLAS…

Olas que bañan

Olas que bañan las playas de mi mente,

vienen y van con oscilantes recuerdos.

Algunos llegan y otros se van sumergiendo

ahogándose sin lamento…

Escribieron líneas en su momento

y ya solo son espuma al viento.

© Marybella

 

¿POR QUÉ ETIQUETAMOS Y ODIAMOS AL OTRO?

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Es una de las preguntas clave que todos deberíamos hacernos. ¿Por qué nos odiamos los unos a los otros por motivos ideológicos o religiosos? ¿De dónde surge ese odio?

Cuando sentimos repulsión por alguien con una ideología o unas inclinaciones opuestas a las nuestras, ¿de dónde proviene ese rechazo?

Ésta es una cuestión que muy poca gente llega a abordar con la debida profundidad, a pesar de contener una de las claves que explican el funcionamiento de nuestro mundo.

Es algo que podemos ver constantemente a nuestro alrededor: el rechazo exacerbado que sienten entre sí las personas de izquierdas y las de derechas, los fundamentalistas cristianos y los fundamentalistas musulmanes, la gente del Barça y la del Real Madrid, etc…

Analicemos qué es lo que sucede en realidad dentro de nuestras mentes.

Supongamos que somos de izquierdas o de derechas y que tenemos ante nosotros a un opositor político, defendiendo con vehemencia posturas radicalmente opuestas a las nuestras. Algo que podemos experimentar fácilmente, cuando, por ejemplo, vemos una tertulia política por la televisión.

Para empezar, cuando estamos ante una persona así no la vemos como un individuo único y diferenciado sino que automáticamente lo catalogamos como “ese facha”, “ese comunista”, “ese hippie”, “ese burgués”, “ese socialista”, “ese pepero”, etc…Es decir, nuestra mente nos impide ver a la persona en sí y en su lugar aplica una categoría conceptual que lo engloba dentro de un grupo, asignándole una etiqueta que solo existe dentro de nuestras mentes.

Es como si un velo psíquico de repente cubriera nuestros ojos y moldeara una nueva realidad aumentada que no es perceptible físicamente. Una vez se ponen en marcha estos mecanismos de identificación y clasificación, el individuo en sí queda difuminado, casi anulado en nuestra mente y ya solo percibimos en él los valores que nuestra psique asocia al grupo del que forma parte.

Aquí es cuando aparecen los sentimientos de rechazo a la ideología de ese grupo, muchas veces viscerales y enconados, que utilizamos para atacar y despreciar al individuo que los representa. Pero ese rechazo no tiene nada que ver con la persona en sí, ni siquiera con nosotros mismos.

Si a esa persona no la conocemos de nada, ni a nivel personal nos ha hecho ningún daño, ¿cómo puede ser que nos provoque tanta rabia y tanta repulsión?

Inundados por el sentimiento de aversión que nos produce, estamos convencidos de que odiamos a “ese facha” o a “ese comunista”, pero en realidad es nuestra programación mental en forma de ideología la que odia a la ideología opuesta expresada por ese individuo.

Es decir, nuestra programación mental odia a la programación mental instalada en la mente de la otra persona y nos hace sentir una profunda aversión por la forma en que esa ideología se manifiesta físicamente a través de ese individuo.

Y eso nos lleva a la confusión de creer que odiamos a la persona en sí. Pero no es cierto. Es nuestra programación ideológica la que nos utiliza a nosotros, la que hace uso de nuestro cuerpo y de nuestra psique, para vehicular físicamente el rechazo.

Por decirlo de alguna forma, las ideas creadas por la mente humana, acaban “poseyendo” a los seres humanos y utilizándolos para manifestarse en el plano físico y cumplir con la función para la que fueron creadas.

Sabemos que es una idea difícil de digerir, que suena extraña, surrealista, algo que parece propio de una peli de terror o de ciencia ficción, pero es la auténtica realidad del mundo en el que vivimos y es un enfoque útil a la hora de comprender los problemas que aquejan al mundo.

Vista desde este punto de vista, una guerra adquiere una nueva dimensión. Ya no la podemos ver simplemente como un enfrentamiento entre grupos opuestos por motivos ideológicos, religiosos, económicos o políticos.

Ni tan solo nos podemos limitar a verla como un conflicto entre grandes grupos manipulados por diferentes élites, que con intereses contrapuestos instrumentalizan a la población para pugnar entre sí.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados

TODO ES COMO UN SUEÑO

los sueños

Los sueños se utilizan a menudo para ilustrar el significado de la vacuidad de las experiencias oníricas. Cuando soñamos, nuestras experiencias nos parecen reales. Algunas veces viajamos a tierras lejanas, nos encontramos con personas hermosas o con seres aterradores, realizamos diferentes actividades y, como resultado, sentimos placer o sufrimiento y dolor. En nuestro sueño aparece un mundo con sus propias leyes. En ocasiones, se asemeja al que experimentamos durante el estado de vigilia y a veces es un mundo extraño, pero en ambos casos nos parece real. Es muy difícil incluso sospechar que estamos soñando. El mundo que surge en nuestro sueño parece que existe por sí mismo, independiente por completo de nuestra mente, y reaccionamos ante él como solemos hacerlo cuando estamos despiertos, con deseo, odio, miedo, etcétera.

Si mientras soñamos intentamos comprobar si el mundo que experimentamos es real, por ejemplo, palpando los objetos que nos rodean o preguntándoselo a las personas que nos encontramos, lo más probable es que lleguemos a la conclusión de que sí lo es. La única manera de darnos cuenta de que estamos soñando es despertarnos, puesto que entonces comprobamos de inmediato y sin lugar a dudas que el mundo que experimentábamos en nuestro sueño era una ilusión y una mera apariencia en nuestra mente. Al despertarnos nos resulta obvio que nuestras experiencias oníricas no existen por su propio lado, sino que dependen por completo de nuestra mente. Por ejemplo, si soñamos con un elefante, este no es más que una apariencia en nuestra mente y no lo encontraremos en nuestra habitación ni en ningún otro lugar.

Si lo pensamos con detenimiento, comprobaremos que nuestro mundo de vigilia existe de manera similar al onírico, puesto que también lo experimentamos de forma vívida y parece tener existencia propia sin depender de la mente. Al igual que cuando soñamos, creemos que esta percepción es real y reaccionamos con deseo, odio, miedo, etcétera.
Asimismo, si analizamos nuestro mundo de vigilia de forma superficial, como hicimos con el onírico, para comprobar si realmente existe o no del modo en que aparece, reafirmaremos nuestra opinión. Si palpamos los objetos que nos rodean, nos parecerán sólidos y reales, y si preguntamos a otras personas, nos responderán que perciben los mismos objetos que nosotros. Sin embargo, no deberíamos aceptar esta confirmación de la existencia inherente de los objetos como definitiva porque con este tipo de pruebas no pudimos descubrir la naturaleza real de nuestro mundo onírico. Para entender la verdadera naturaleza de nuestro mundo de vigilia hemos de investigar y meditar con profundidad utilizando el análisis anteriormente descrito. Cuando entendamos la vacuidad de esta manera, comprenderemos que los objetos, como nuestro cuerpo, no existen por su propio lado. Como en el caso del elefante que aparece en nuestro sueño, no son más que meras apariencias de nuestra mente. No obstante, el mundo de vigilia funciona según la ley de causa y efecto al igual que nuestro mundo onírico lo hace siguiendo sus propias normas.

La experiencia de comprender la vacuidad se puede comparar con la de despertar. Cuando comprendemos la vacuidad vemos con claridad y certeza que el mundo que experimentamos es ilusorio y falso. Creemos que tiene existencia propia, pero cuando comprendemos la vacuidad nos damos cuenta de que es vacío por completo de existencia inherente y depende de nuestra mente. De hecho, Buda recibe el título de Ser Despierto precisamente porque ha despertado del sueño de la ignorancia.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados.

LA MANO QUE LLAMABA AL REFLEJO EN EL ESPEJO

mano tenebrosa

 

Se encontraba cansada y se fue a echar la siesta a su habitación. Cuando de atardecida despertó y abrió los ojos, todo se encontraba en penumbra. Poco después escuchó como el viento comenzaba a soplar cada vez con más fuerza. Después toda la estancia quedó iluminada durante un breve instante por el fogonazo de un relámpago y luego un estridente trueno rompía de manera escalofriante el silencio de la alcoba. La tormenta había comenzado y unos grandes goterones de agua golpeaban con furia los cristales de la ventana.

Se quedó muy quieta oyendo como el agua cada vez arreciaba con más fuerza, a la vez que los relámpagos y truenos se iban sucediendo. Seguía muy quieta en la cama, cuando notó como una sensación recorría todo su cuerpo, haciendo que sintiera que ya no era la misma que por la tarde se había acostado. Le parecía como si algo en su interior hubiera cambiado irremediablemente y tomado otra dimensión.

Ella nunca pensaba en la muerte. Claro que sabía que existía, pero sentía como si la tuviera conjurada. La muerte era algo que tocaba a los demás. Ella desde su pedestal veía al mundo discurrir a su alrededor y los demás se podían ir, pero ella no. Desde lo más profundo de su ser, se había adjudicado el papel de testigo, para declarar que existía y ver como los demás se dejaban morir en un cuerpo que terminaba inerte.

Poco después, comenzó a oír un ruido como si algo frotase y arañase sobre una superficie lisa, miró hacia la ventana y allí creyó ver una mano fantasmal tocando el cristal por el lado de fuera, una mano gris. Un fuerte escalofrío recorrió todo su cuerpo, mientras seguía creyendo ver esa pálida mano. Empezó a sentir en ese momento como algo muy profundo la atenazaba. Era una ansiedad infinita que la hacía respirar en vez de aire, desasosiego, y notar como si su estómago se estuviera retorciendo y haciéndose cada vez más y más pequeño.

Miraba la estancia en la que se encontraba. Todo parecía seguir igual: su cama, sus sábanas retorcidas y replegadas, la ventana con esa horrible mano seguía arañando el cristal. De pronto sintió la necesidad de incorporarse y acercarse al espejo del armario. Pero quebró el intento. La poseyó un miedo cerval. Miedo de que su reflejo no apareciera. Entonces se preguntó: – ¿Y si no sale nadie en el espejo? ¿Y si me he muerto mientras dormía, y estoy perdida, y no me encuentro? ¿Dónde está la llave que abre y cierra la puerta de la vida?, ¿dónde, dónde? Eran pensamientos en círculo los que la acometían una y otra vez, y así seguía escuchando todos los sonidos que cuchicheaban y retumbaban dentro de su mente.

Mientras esto pasaba, también un vacío muy grande comenzó a inundarla. Sentía como cada molécula de su cuerpo volvía al caldo infinito de la nada. Aunque su mente seguía ahí, sobre la cama tratando de agarrarla, de sujetarla, de exorcizarla………. para que no se diluyera en su cuerpo y se abandonara a la nada.

De pronto su mente comprendió que ya nada la sujetaba y que su llave para estar, la formaba la materia. La materia que se iba extinguiendo y que iba desapareciendo como el agua que cae por el desagüe cuando se abre el tapón.

Después todo acabó y en el espejo sólo quedó un reflejo inerte sobre la cama.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados

 

¿DÓNDE HABITA LA INSPIRACIÓN?

 

INSPIRACIÓN

 

A esta pregunta sólo se le puede dar una respuesta subjetiva, una por cada uno de nosotros. Porque aunque pensáramos en la misma cosa, la idea de lo recogido sobre ella sería diferente. Así de ricos somos dentro de nuestra infatigable imaginación y de nuestra mirada a la realidad que nos envuelve.

Tal vez, después de todo, la inspiración quizá habite en la inmensidad de la nada que supone el todo en sí mismo. Yo la obtengo desde esa gota de la nada que tengo en la pantalla blanca del ordenador, esa es mi plataforma. Para otros será el folio en blanco. Pero eso será lo de menos, lo importante es que nos llegue y tengamos esa fuerza motivadora que nos mueva a crear. Personalmente, necesito de esa rapidez vertiginosa que estos medios digitales me ofrecen. En ellos me siento como pez en el agua para subir y bajar en las líneas de letras que van surgiendo: borrando, poniendo, saltando a otros párrafos, completando, colocando…etc., y plasmar esa fluidez con la que a veces me asalta la inspiración., para mi resulta la herramienta perfecta.

Por otro lado, a mí me sirve de inspiración dejar mi mente vagar en libertad, después, en algún momento determinado, se me ocurre una palabra concreta, o una frase dada, y es a partir de ahí, precisamente, desde donde arranco con mi relato. Con ello considero que he conseguido algo fundamental, fijar mi atención en algo. Ese algo viene revestido por un concepto y tiene un punto definitorio que me ancla y me da base para empezar a fijar mi objetivo. Y lo curioso es que todo empezó por la necesidad de plasmar unas palabras en la pantalla blanquísima, de un nuevo documento del ordenador.

Si tuviera que definir con unas palabras mi técnica para llamar a la inspiración, seria esta: “asociación libre” .Pero no nos equivoquemos, eso que yo llamo la asociación libre, realmente no está libre de nada. Y ello se debe a que somos cajas de sorpresas, hasta para nosotros mismos. Ahí precisamente, es donde se encuentra mi juego.

Estoy segura que dejando mi mente vagar, surgirá esa llave que abrirá esa caja de sorpresas o inconsciente que necesita aflorar a la superficie y recabar una identidad forjada, aunque sea de manera literaria.

Esto sucede porque siempre hay fuerzas en nosotros que de alguna manera pugnan por salir a flote. Yo me limito, en aras de mi inspiración, a dejar que emerjan. Lo que me sucede con esto, es que soy, la mayoría de las veces, la primera sorprendida y ese mecanismo me funciona como si un caballo de carreras tirara de mí y fuera sacando todo esa creación que me lleva en algunos momentos al galope y me abstrae de todo lo demás. Porque crear es eso, olvidarte en esos mágicos momentos de todo, estar solo ahí, con toda tu energía extasiada en eso que tratas de darle la forma que necesites que tenga. A veces se pasa muy mal, cuando lo intuyes pero te despistas y te pierdes, entra una angustia que tienes que trabajar para salir de ella y volver al punto donde sabes que encuentras ese caudal que te va a llevar a buen puerto. Y cuando llegas y tratas de leer lo escrito con una primera visión objetiva, te quedas como suspendida en el aire saboreando todo ello que sacaste de la nada del todo y ahora existe ya, pertenece a la realidad tangible y accesible que todos pueden constatar.

No pretendo dar clases de nada, Dios me libre de ello, solo soy una novata en estas artes, pero si me gusta compartir con vosotros esa manera que tengo de sacar de mi lo que llego a crear y os comparto por aquí.

Maribel Durán

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CARTA, AMISTAD INTELECTUAL

 

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Me siento libre cuando sé que me sientes y me concedes ese pensamiento abierto a mí discurrir entre ambos. Es estimulante saber que soy algo, algo positivo que tiene ya sitio dentro de ti, que interactúa con tu intelecto y divaga en apreciaciones que nos lleva a veces a diferir.

No todos los días sale el sol y precisamente por esto, me gusta saber que tengo recursos para que de vez en cuando, disperse las nubes y te cueles como ese rayo divino que me ilumina la mente.

Siempre fui afortunada en ver el brillo de la inteligencia en aquellos que la tienen y en sentir su magnetismo. Es alimento que me nutre mi interés por las maneras y perspectivas que otros tienen y curiosa quiero mirar, para conjugar y experimentar ese sistema, seguramente cambiante en relación a mí, que me hace más de una vez vibrar.

Según va pasando la vida te das cuenta de cuantas cosas  hemos ido dejando atrás y tantas que apenas hemos saboreado lo suficiente para llegar a comprender su significado. Esto último me parece un desperdicio, estar en la situación, en el momento y dejar escapar lo que de verdad nos quiere decir. A eso yo lo llamo: no estar, perderse sin saber, olvidarte de ser. Seguro que a veces, hay motivos que lo justifican, pero la gran mayoría de veces es porque somos banales y nos dejamos arrastrar por lo último que nos llega, sin sopesar siquiera nuestro posible interés hacia ello.

Ahora eso me pasa menos, tengo más claro donde estoy y lo que busco y creo que me determina. Pero sabes que el camino se hace andando y lo que de verdad cala es la posibilidad de tomar experiencia. Soy persona de acción y me gusta saber que se siente, para disfrutar en mi baza de todas las cartas disponibles en la partida de la vida.

Saber que cuento contigo y tengo manga ancha para conseguir llegar a disfrutar de toda esa experiencia e ilustración cultural que posees, me hace confiar tranquila en ese placer de llenar mis días con lo que de verdad me gusta.

Maribel Durán

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