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REFLEXIÓN

Reflexión

Estaba demasiado sumida en su problema dentro de su entorno familiar y laboral para poder asumir su propio conflicto interior. Este,  realmente,  se encontraba en el miedo a sentirse sola y que dejaran de estimarla. Ese pensamiento negativo, precisamente, le desencadenaba todo tipo de emociones también negativas que, inconsciente y erróneamente, le hacían sentirse protegida, tal como: la ira, la tristeza y el miedo.

Un día que se encontraba en su puesto de trabajo delante de la pantalla del ordenador, empezó a acometerla una sensación interior de luz que ayudó a su comprensión. Se dio cuenta que era a ella y a su vida misma, a lo que tenía que aprender a amar, incluso antes que a los demás, eso le daría un valor que había estado exento, hasta entonces, en ella. Dotándola de la suficiente autoestima para hacer sentir hacía afuera, lo mejor que llevaba dentro.

Necesitaba para ello, encontrar ese amor profundo y sereno dentro de sí misma, que le hiciera llegar más plenamente a su autoconocimiento y comprensión.

También entendió que un conflicto es una oportunidad, precisamente, de mirar hacía su interior para no censurar y juzgar hacía afuera. Eso la hizo despejar las dudas de pensar que todos la juzgaban y por ello dejar de estimarla, para centrarse en trabajar el verdadero amor.

También supo que el conflicto mientras existiera la vida y en ella el ser humano, no dejaría de darse. Todos tenemos ideas y experiencias diferentes sobre las cosas, pero lo que le quedó claro dentro de su corazón, fue qué lo que uno elige construir o destruir después del conflicto, no depende más que de sí mismo.

© Marybella

 

POETA DE LUCES

Poeta de luces

Poeta de luces
que modulas la vida
en un haz de tonos
desde lo sublime y brillante
hasta lo abominable y opaco.

Bañas la realidad desgranada
con azúcar y con hiel.
Trazando sendas en mil recovecos
que recorren ánimos,
unos van en sosiego
y otros en marcada tempestad.

Pero siempre…siempre

Sembrando belleza singular y
aunando corazones vibrantes
en un mar de sentimientos
que acerca un canto,
donde las emociones bailan
y nos dan pimienta y sal.

Marybella

© Todos los derechos reservados

CONTENCIÓN

 

diosa 3

Oh, duda viva
que salmodiando vas mi nombre
¿Dónde encontrar su origen?
¿Dónde buscar sus horizontes?

Me haces testigo de tu ser,
de tus pensamientos y emociones,
y esparces brasas al aire que respiro
llamando a las pasiones.
Remolino son tus venturas
introduciendo mis tempestades
que zozobran y agitan
misteriosos mares.

Si el amor hizo carambola…
quizá, en ti, el milagro se obró
más yo sigo en alerta, esperando la copa
que acoja mi esencia.

Marybella
© Todos los derechos reservados

LAS EMOCIONES

las emociones

 

Las emociones son como la corriente de agua que lleva un río, si mantiene su caudal, todo es equilibrio y por donde pasa ayuda a crear vida y abundancia. Si por el contrario se desborda y pierde su control, las fuerzas desatadas inciden en la devastación y muerte por allá donde pase, creando sufrimiento y caos.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados.

SUSPIROS

suspiros

 

Suspiros que lleva la vida, colgando de cada esquina del fondo de nuestra alma.

Suspiros dolientes, amargos y entrecortados que chocan con el viento del mundo.

Suspiros que despejan incógnitas atravesadas que a veces hieren y dejan llagas.

Suspiros que levitan y ondean surcando el aire, dejando ecos hasta desvanecerse.

Suspiros que sacan emociones contenidas y van desgranando notas suspendidas.

Suspiros emancipados que van sofocando penas y alegrías surgidas del corazón.

Suspiros…..suspiros que también siembran de vida nuestro amor.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados

EL BANCO DEL PARQUE

       el banco del parque

Estoy aquí, en el parque,  junto al banco de mi vida, donde vi pasar tantas tardes de mi niñez, adolescencia y luego de mi primera juventud. Es un banco especial, recuerdo que estando sentada en él una tarde de domingo, se me declaró mi único novio y después marido.

Luego de casados empezaron a venir los hijos: cuatro tuvimos. ¡Qué tiempos aquellos! Todavía me acuerdo de aquellos días de fiesta cuando toda la familia veníamos al parque a dar un paseo. Los críos correteando  de aquí para allá con sus patinetes y haciendo cola en el kiosco para comprar las chuches, con la paga que les daba su padre. Después se fueron haciendo mayores y tomando cada uno un camino elegido. Hoy ya están todos casados, y me han hecho abuela de ocho nietos en edades de hacerme bisabuela también.

Ahora que hace años enviude y ya solo soy una vieja  achacosa, vengo por las tardes dando un paseo y cuando llego al banco lo miro y de nuevo me siento en él. Toda una vida, si pudiera hablar cuántos secretos me contaría de tantas y tantas personas como habrán pasado por él y se habrán sentado, como hago yo ahora.

Quizá a estas alturas también tenga alma y se sienta animado, serán tantas las emociones con las que se ha ido encontrando de unos y otros a lo largo del tiempo que lleva aquí clavado, que ya es toda una institución, igualito que yo.

La vida es un pasaje continuo, ahora que ya parece lo tengo todo recorrido, me siento en el banco de mi vida a ver como pasa otro día de los pocos que seguramente me queden por vivir. La verdad es que ya voy estando muy cansada y el sosiego que tengo me lo da la vejez, cada vez tengo menos ilusiones y me da todo un poco igual. Si lo pienso, viví todo lo necesario para emplearme a fondo en sacar a mi familia adelante: criando a mis hijos y educándolos junto con mi marido. El pobre se fue de un enfisema pulmonar. ¡Mira que le llegué a regañar para que dejara el tabaco!, pero ni caso que me hacía, decía que de algo tendría que morirse y a esas alturas de su vida el tabaco ya le daba más placer que quitarle salud.

También ayude a criar a algunos de mis nietos cuando sus padres se iban a trabajar, y así siempre, echando una mano a unos y a otros: que si mama “pa riba”, que si mama “pa bajo”, y allí estaba la mama, para lo que fuera menester y mientras las fuerzas aguantaran.

Así un día con otro he llegado hasta aquí, al mismo banco donde correteaba y jugaba de niña. ¡Pero cómo  me ha cansado la vida!. Realmente, es como si mi pasaje por esta vida hubiera sido circular, estoy en el mismo sitio que empecé, pero ya sin fuerzas, que las he ido dejando mientras sembraba por el camino.

En este banco tengo mi punto de encuentro con otras señoras y señores que también andan en la bien entrada tercera edad, como nos llaman ahora a los viejos. Al paso que llevamos, con eso de que cada vez se alarga más la vida, dentro de poco nos dirán que somos de la cuarta edad. ¡Vaya! más viejos que el propio Matusalén.

Pues como iba diciéndome, que ya está una poco más que un vegetal y venir al parque me viene muy bien. Este  paseíto me corta la tarde y me calienta los huesos y mientras mis piernas aguanten yo no dejaré de venir a sentarme un ratico en mi banco, aunque ya poco, que estamos en otoño y cada vez son más cortas las tardes y se me agarra un fresco en la espalda y las rodillas que se me quedan entumecidas, y luego, voy renqueando malamente para la casa.

Bueno, tú banco, espérame, que mañana vendré…

 © Marybella