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COLORES

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Cuando te miro, siento tu impacto profundizándose en mí. Fuertes colores iluminan mi vida en el cuadro que pintaste, cuando un día me hallaste y empecé a suspirar por ti.

Tonos amarillos, naranjas crepusculares, rojos vivos, violetas, azulones…ellos se desplazan por el lienzo que les da hogar.

Se sienten plenos, caracolean, patinan, hacen carreras, bailan y bellos se abrazan en la luz que los ilumina  para poder estar.

Son los colores que cada uno pinta en su interior, por los que mira al mundo y lo disfraza en su deseo de nueva constelación.

Esos colores que cada día envuelven la emoción en cada gota de rocío que baña nuestro interior, en cada mágica sonrisa que nace del corazón y en toda la belleza con que la vida engalana nuestra visión.

Colores del arco iris que van tejiendo con hilos de seda posibles tapices, que iluminan con nuevos tonos al día que nace y hace que se pinte la vida que nos da nuestro sentir.

Maribel Durán

© Todos los derechos reservados

EL DOCTORADO

EL DOCTORADO

 

Oyó su nombre, se levantó de la silla y subió al estrado. Allí, en el centro de la larga mesa, el Rector de la universidad lo esperaba de pie, acompañado del Decano y de todos los catedráticos.

Cuando llegó le tendió su mano y estrechándosela con un cálido apretón, le dio la enhorabuena y le entregó su título llamándolo “Doctor”. Lo recogió visiblemente emocionado y dio las gracias.

Cuando se giró para bajar del estrado, miró hacia el público sentado en la sala, fue entonces cuando divisó a un hombre de pelo cano y piel negra con un pañuelo blanco limpiándose los ojos. Se volvió a girar en un acto reflejo y haciéndole una señal al Rector de: “¿puedo?”, tomó el micrófono de nuevo y levantando el título, dijo en voz alta y algo quebrada por la emoción:

— Va por ti papá, que desde pequeño siempre quisiste estudiar y la vida solo te permitió trabajar. Hoy por fin se cumple tu gran sueño en mi y el mío en ti papá, y por fin te puedo confirmar lo que tantas veces me repetías: “lo que hace iguales a los hombres no es el dinero, sino la educación”. Va por ti papá, porque sin ti, nunca hubiera podido llegar. Te lo debo todo gracias a tus desvelos, a tu amor y a tu gran generosidad. ¡TE QUIERO PAPÁ!

Acto seguido, mientras dejaba el micrófono, su padre entre el público se levantó  de su silla y comenzó a aplaudir en el más expectante silencio. Entonces algo singular ocurrió, todos en la sala se fueron levantando y, como si de un solo hombre se tratase, hicieron coro con sus palmas.

La emoción y la alegría de ese día pasó a la historia como un recuerdo que nunca se borraría en el corazón de ambos.

© Marybella