LA FIGURA SOMBREADA

La figura sombreada

No aguantaba la incertidumbre, por eso cuando se asomó a la ventana y vio una figura quieta y ensombrecida por la diferencia entre la luz que proyectaba el farol de la calle y la propia oscuridad de la noche, sintió el impulso de bajar para ver quién era y averiguar por qué se encontraba ahí, tan quieta y como esperando a algo o a alguien.

Carmen era de dormir ligero y lo era más desde que la menopausia había hecho presencia en su cuerpo. Algunas veces sus noches se llenaban de todas aquellas inquietudes que afloraban sus miedos, consiguiendo que cobraran realidad en su mente y haciendo que fuera aumentando paulatinamente su ansiedad. Por eso, ante el poco resquicio de sueño que habitualmente sentía, se veía obligada a tomar una infusión de valeriana y melisa. Eran estas plantas, si no alivio total de su insomnio, si conseguían, por lo menos, suavizarle el nerviosismo: calmándola, mientras la iban llevando a un estado de somnolencia.

Esa noche, que permanecía tumbada en la cama a la espera del sueño, sintió una leve brisa sobre su cara que comenzaba a ser fresca. Se levantó, y fue entonces, al ir a cerrar la ventana, que lo vio. Toda su calma se disipó en cuestión de segundos y pronto su mente comenzó a divagar apabullada por un malestar que le iba inundando el alma.

Fue sintiendo en su interior que esa figura estaba ahí por ella y quería anunciarle algo. Su presentimiento se fue haciendo cada vez más real, a la vez que su inquietud. Decidió que bajaría a la calle, mejor así, que permanecer con la agonía que la embargaba. Se echó por los hombros un chal que cogió del armario y se calzó los zapatos.

Bajo los escalones despacio y según se iba aproximando a la altura de calle, se fue parando en el rellano de cada planta, un miedo cerval la atenazaba. Comenzó a sudar y sus pupilas se dilataron cuando la luz del portal de pronto se apagó, dejándola en la más negra oscuridad y sintiendo junto a ella como una presencia. Se acercó a la pared con el corazón latiéndole estrepitosamente y así, fue tanteando con la mano mientras sus pies seguían avanzando como si una fuerza ajena tirara de ellos. Pasado unos segundos dio con el interruptor y tras pulsarlo se iluminó todo el espacio.

Cuando llegó abajo y abrió la puerta del portal, la figura borrosa del hombre ya no estaba. Debajo del farol no había nadie, solo el reflejo que proyectaba la luz. No obstante, caminó unos pasos y se colocó bajo su áurea a la vez que hacia incidir su mirada hacia la ventana. Allí, en la ventana, en su propia casa ¡Estaba él! ¡Oh…por Dios! ¿Cómo era posible esto? Ante este descubrimiento sintió como si el suelo se tambaleara bajo sus pies y cayó de rodillas sin fuerzas en el duro pavimento. Se llevó las manos a la boca necesitando dar un gutural grito, pero no salió el menor sonido de su garganta. Estaba atrapada y paralizada en su propia impotencia. Y él, mirándola desde la ventana, comenzó a reír cada vez más fuerte, hasta que su risa se convirtió en un rugido que hería sus tímpanos. Ella, mientras, comenzó a revolcarse en el suelo, sin poder hacer otra cosa y delirando de miedo.

Poco a poco escuchó un eco lejano que fue invocando su nombre y se hizo cada vez más cercano, a la vez que se sentía zarandeada…¡Despierta! Carmen, ¡despierta! Solo es una pesadilla, no pasa nada, tranquilízate, ya ha pasado todo. Estas en casa, en tu cama, ha sido solo un sueño…un mal sueño.
 
©Marybella

UNIVERSOS DENTRO DE UNIVERSOS

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Cada noche, antes de meterse en la cama, a Guillermo le gustaba asomarse a la ventana y contemplar el firmamento. Había noches oscuras sin luz de luna donde los astros brillaban por doquier. Entonces, se quedaba mirando muy fijamente llegando a parecer que las estrellas se agrandaban y empequeñecían centelleando ante sus ojos.

Esa noche había terminado de estudiar un examen de física y eran muchas las preguntas que no tenían respuesta en su cabeza, pese a que le daba vueltas y más vueltas.

Siempre le había atraído todo lo relacionado con el universo y a veces, se perdía pensando lo infinitamente grande que era, a la vez que desconocido. Nuestro planeta resultaba, apenas nada, comparado con todo el orbe y, sin embargo, cuantos mundos se desplegaban dentro de él, tantos como personas construyendo día a día sus vidas.

Terminó su contemplación y se metió en la cama a dormir, mañana le tocaba madrugar para ir a clase. Cuando no había pasado ni una hora, lo despertó un brillo intenso incidiendo sobre su cara. Abrió los ojos haciéndose sombra con la mano para no ser deslumbrado y divisó como una especie de rayo que se iba agrandando hasta colapsar en su ventana. Dejaba una estela plateada, como si de un espejo se tratara.

Se sacudió la ropa de la cama y de un salto se acercó para inspeccionar mejor ese extraño fenómeno. Cuando se asomó por la ventana se quedó petrificado por la sorpresa. Vio una larguísima estela a modo de camino que se perdía hacia el firmamento y sintió una fuerte atracción, como si lo estuviera invitando a subir.

Guillermo salto sobre ella y de pronto notó, y sin que tuviera que moverse, como la estela iba desapareciendo tras él, a medida que lo llevaba a una velocidad inimaginable surcando el cielo y traspasando la atmósfera hacia el espacio sideral. La Tierra a penas era ya una bola de billar y la estela seguía viajando con ėl encima a la velocidad de La Luz.

Se acercó a cada uno de los planetas del sistema solar y viajó dentro de cada una de sus órbitas alrededor del sol. Era todo tan sorprendentemente magnífico, que solo trataba de anotar en su mente cada una de sus impresiones, para luego, poder explicarla a los científicos de la Tierra.

Guillermo salió de nuestro sistema y viajó por toda la galaxia viendo maravillas sin parangón. Pero según se iba acercando a su centro, la velocidad era más y más vertiginosa, hasta que llegó a su horizonte de sucesos y  desapareció totalmente por ese túnel sin fin que era el gran agujero negro.

No había pasado casi tiempo, cuando surgió de nuevo subido en la estela por el corazón de otra galaxia que se desplegaba con múltiples brazos formados por nebulosas y millones de estrellas. Fue viajando encima de la estela hacia los brazos exteriores de la galaxia, hasta que vio un sistema solar igual al nuestro y también una nueva Tierra.

La estela penetró en ese planeta y viajó hasta su corteza. De pronto vislumbró un edificio como el suyo y una ventana donde otro niño idéntico a él miraba fijamente hacia el firmamento.

Entonces aconteció algo totalmente mágico, entró dentro del otro Guillermo a la vez que se convertía en una pequeñísima partícula de luz que lo iba irradiando, mientras iba explorando ese otro basto universo, formado igualmente de minúsculos cuerpos girando en el vacío. Ese nuevo universo era su cuerpo, formado por millones y millones de células todas programadas para realizar perfectamente la función a la que estaban destinadas. Cada vez se iba infiltrando en componentes más minúsculos hasta introducirse dentro de una célula y llegar a su núcleo, y siguió viajando encontrando nanoparticulas y por fin llegó a los quart, que es la mínima expresión de la materia, para convertirse en pura vibración. Fue allí, desde esa dimensión, donde solo era una onda surcando el vacío , donde se dio cuenta que todo estaba en continuo movimiento. Era igual que un ventilador con sus aspas en funcionamiento, parecía no tenerlas, se veía unido, pero realmente era un engaño de la percepción. Todo estaba girando sumamente rápido y de manera vorticial en un gran vacío.

Fue en ese momento que comprendió una de las siete leyes espirituales del universo, que dice: “Igual que es arriba es abajo” . Y también comprendió dentro de la astrofísica que las leyes de la relatividad para el universo forman un continuum con las leyes de lo muy pequeño, de lo que se ocupa la mecánica cuántica a nivel subatómico.

A veces, todavía recordaba la experiencia tan fabulosa que experimentó aquella lejana noche de su primera adolescencia…nunca supo si fue un sueño o una realidad soñada. Lo que si sabía era que lo catapultó a ser después un físico teórico o astrofísico muy renombrado, que buscaba incansablemente verdades que revelaran a la humanidad el maravilloso prodigio que éramos.

©Marybella