Archivo de la categoría: Relatos breves

EL SUEÑO

75A62FCF-7450-4616-BA61-9A3667B19EEA

Soñé que habitaba en un planeta llamado Tierra. Era un planeta de una exuberancia y belleza de cuento. Nada escapaba de su inmensa plenitud. Allí los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, habían esculpido con todo el sublime arte de que eran capaces, las maravillas que en él se encontraban.

Llegó un día que se necesitó de otra inteligencia, que al igual que un director de orquesta, dirigiera la música de la naturaleza. Entonces Dios, de manera razonable, depositó una brizna de esa sublime inteligencia en un nuevo ser dotado para acogerla. Llamó a esta nueva criatura «hombre», en un sentido neutro.

Comenzó a desarrollarse en este azul planeta y se erigió en su dueño.

Al principio disfrutaba, como un auténtico niño, de todos los prodigios que se le iban mostrando a su alrededor y de los cuales se sentía bendecido.

Todo tenía un ritmo regular y necesario para su equilibrio: el día daba paso a la noche, las estaciones se sucedían, todo se renovaba con los ciclos naturales de nacimiento y muerte.

En mi sueño me recorrían sensaciones que poblaban mi ser y acudían a darme la razón de mi estar aquí. Tenía que rodar mi vida desde mi nacimiento como si de una película se tratase. Porque tenía que SER y, para ello, tenía que ESTAR.

Pasó mucho, mucho tiempo y en la Tierra habitó un mundo inmenso, donde una gran multitud de SERES se manifestaban y cada día se afanaban en seguir experimentando y llenar de momentos su VIDA. Así se iba escribiendo el libro de este magnífico planeta azul.

Pero llegó un tiempo en que el hombre se fue distanciado de su SER auténtico y su inteligencia ya no vibraba al ritmo que el corazón del planeta Tierra le marcaba. Poco a poco se fue erradicando de su influjo y actuando dentro de él con una arrogancia y superioridad que le dictaba su ego excesivo. Como consecuencia de esto, todo comenzó a cambiar a partir de aquí en el planeta Tierra.

Los primeros que sufrieron nefastamente, fueron las criaturas que el hombre creía que eran limitadas ante sus ojos: los animales. Se les fue expulsando de su hábitat natural y algunos llegaron a la extinción. Grandes y continuas guerras entre los hombres trajeron destrucción, muertes innecesarias, mucho dolor, hambrunas, enfermedades… Los mares se llenaron de deshechos propiciado por las ingenierías industriales del hombre, tales como residuos perniciosos y muchos plásticos. Las selvas masivas se fueron talando y quemando consiguiéndose cada vez más deforestación y desertización. A los ríos se les fue envenenando con los químicos vertidos de manera incontrolada. Se produjeron cultivos transgénicos que agredian la verdadera naturaleza de su esencia vegetal.

Ya no se sabía en qué estación se estaba. La climatología estaba dando un giro radical y los polos helados de la Tierra, que contenían una inmensa cantidad de agua congelada, se estaban derritiendo y elevando, consecuentemente, el nivel de los océanos. Esto, repercutirá negativamente en todo el ciclo natural y cada vez más tierras estarían sumergidas, destruyéndose las ciudades que hoy estaban en las costas.

También el hombre comenzó a tener enfermedades cada vez más indefinidas pero trascendentales en su vida: alergias, intolerancia, estrés, fobias, ansiedad, depresión, bipolaridad, cánceres de todo tipo. Y poco a poco este maravilloso planeta se vio mancillado en su más profundo sentido por todo este estado de cosas.

Eran muchos los que comenzaron a darse cuenta de todos los cambios que paulatinamente se estaban experimentando y querían cambiar todo lo que iba produciendo este caos, volviendo al origen.

Se dieron cuenta que la tecnología era un instrumento beneficioso o pernicioso según las pretensiones con las que se usase. Si sólo el egoísmo y la ambición estaba en el sustrato de los que actuaban, no se daría el respeto y equilibrio necesario para conseguir bienestar y se invertiría el orden de los factores que ayudarían a conseguir la evolución sostenible dentro del planeta Tierra, contrariamente, se darían todo tipo de fenómenos climáticos alterados, sufriendo cada vez más cataclismos ambientales y desestructuración de todo el sistema interior creado por el hombre. Algo que ya se había ido saliendo de sus límites y, no obstante, no se sabía realmente llegar a un acuerdo en el mundo para poner fin a este cada vez mayor desastre, y sin poder acceder a ningún otro planeta tan genuinamente sorprendente por la maravilla de lo que en él se nos había regalado.

En mi sueño llegué a sentir tantísima pena por la ingratitud y necedad de los seres que habitaban este mundo, y que encima, se creían superiores, que mi corazón quiso darles la espalda.

Pensé, ¿qué cómo era posible que estuvieran tan ciegos y no se dieran cuenta mirando hacia su interior, para encontrar la guía y remitir tanto desastre?.

Sólo si encuentran la semilla del amor naciente en el corazón de cada célula que los conforma, se abstendran de prostituir  con la ambición desmedida, a la naturaleza y los ciclos que los proveen.

Entonces desperté de mi sueño y un algo torcido perduró en mí por algún tiempo, dejándome un regusto amargo.

Aquí donde moro no hay tiempo, y después de darle vueltas y más vueltas al caos que sentí en el sueño, le pedí permiso a Dios para reencarnarme nuevamente,  y poder aportar  algo de la sabiduría que Dios quiso que volviera a trasladar al espíritu errático de los hombres.

Hoy nació un niño, en un lugar del universo llamado Tierra por sus moradores, que hizo saltar lágrimas de contento a sus progenitores y del que se iba a escribir de sus pasos aquí, durante toda la siguiente evolución de la humanidad. Será el caudillo que haga germinar la semilla de lo que verdaderamente fundamenta al Ser.

©Marybella

EL GRAN REGALO

F9955CB5-7BBC-4F0C-AB67-12938A4375AB

 

Un sabio se preguntaba, un día tras otro, lo que podría poblar la cumbre del pensamiento. Pero por más respuestas que se daba, todas las descartaba por parecerle insuficiente su contenido.

Una noche que dormía, al amanecer y entre sueños, se le reveló.

Vio una colina por donde asomaba el sol y con él se perfilaba un árbol y, en ėl, un pájaro sobre su nido arropaba unos huevecillos. Estos eclosionaron y de ellos salieron nuevas vidas.

El sabio, por fin, comprendió que en la cúspide del pensamiento solo podía encontrarse lo que lo procuraba todo y hacía que se renovara continuamente. Así había sido desde que Dios dentro del universo la formó: LA VIDA

© Marybella

Mi MUSA

   mi musa                 

Le dije a la musa que bajara.

No me escuchó y  

lejos de hacerlo se perdió por ahí.

Después de concentrarme para que volviera,

ella se resistía y resistía.

Por fin conseguí que se acercará y

aproveché para preguntarle la razón,

entonces  me dijo:

LAS MUSAS TAMBIÉN DESCANSAN.

©Marybella

NAVIDAD

Santa in his sleigh flying through full moon sky

El salón de la casa estaba gratamente caldeado. En la chimenea, un gran fuego crepitaba al ritmo de las llamas que iban sumergiendo la estancia en un contraste de sombras y luces, donde su animado bullir se reflejaba en el ajado rostro del abuelo y en las caritas vivarachas de sus nietos. El abuelo estaba sentado en su gran sillón, frente a la chimenea, y allí, a sus pies, sus dos nietos le acosaban a preguntas. La nieta se llamaba Inés y contaba cinco años y su hermano Guillermo, siete.

Guillermo le decía al abuelo, mientras sus manos no paraban de moverse — Pues mira “Abu”, yo no sé si voy a poder dormir la noche de Navidad. ¡Estoy tan nervioso!. Porque miro la chimenea y no sé cómo Santa Claus con su barrigota puede entrar por ahí. ¿ Y si se queda atascado? Entonces no podrá repartir ni a mí ni a Inés los regalos, ni a ningún otro niño.

Inés, cayendo en la cuenta, dijo a su vez — Eso “Abu”, que nos quedamos sin regalos.

El abuelo, sonriendo, le revolvió el pelo en un gesto cariñoso a Inés, a la vez que le decía a ambos: — Pero chicos, no os preocupéis por eso. Santa Claus es mágico y lleva siglos repartiendo regalos en Navidad. Para él no hay chimeneas que se le resistan. Daos cuenta que viene volando con sus nueve renos mágicos desde el Polo Norte y eso está, muy…pero que muy lejos. No obstante, siempre consigue en una sola noche entregar todos sus regalos a los niños que viven en la Tierra. Aquí, el abuelo vaciló unos segundos para luego añadir : menos una vez que por poco no lo consigue

Cuando el abuelo dijo esto, un silencio total se apropió de la estancia. Un momento después, Guillermo ya le estaba preguntando a su “Abu”: —¿Qué pasó? ¿Es que se perdió y no encontró el sitio? ¿Se le terminaron los regalos?… A lo que Inés, a seguidillas de su hermano, dijo: — Igual se quedó dormido, seguro que terminó cansadísimo de tanto llenar su trineo de regalos para todos los niños del mundo.

El abuelo notando la impaciencia que iba surgiendo en sus nietos, se adelantó al resto de sus preguntas y suposiciones diciendo: Pues bien chicos, os contaré la historia de lo que ocurrió.

Como os dije antes, Santa Claus tiene un trineo tirado por nueve renos mágicos, pero eso no fue siempre así. Antes eran sólo ocho renos.

En cierto lejano y frío país había un reno, que sus papás renos llamaron Rodolfo, que había nacido con una singularidad. Tenía una luciente nariz roja. Esto hizo que todos los demás renos se rieran de él, siendo el continuo centro de sus burlas y desprecios. No obstante, Rodolfo fue creciendo sin que su autoestima flaqueara, porque para sus papás él era único, y siempre había crecido rodeado de todo su amor.

Fue pasando el tiempo y cuando ya era un poco más mayor, en una noche de Navidad, donde al igual que los demás, esperaba la llegada de Santa Claus para recibir sus regalos, una espesísima e impenetrable niebla se fue extendiendo.

Eso hizo que en las últimas horas de la noche no hubiera ninguna visibilidad y Santa Claus empezó a temer no poder conseguir entregar todos los regalos que aún le faltaban. Pero al igual que él es mágico, también lo es la Navidad y quiso el destino, cuando ya quedaba poca noche y el día pretendía tomar posesión, que viera una lucecita roja en la lejanía. Se dirigió hacia ella y cuando estuvo cerca quedó muy asombrado al percatarse que era la nariz de un reno al que esa noche tenía que visitar.

Rodolfo se había cansado de esperar y se encontraba dormido, pero algo empezó a oír que lo fue despertando. Cuando por fin abrió sus grandes ojos vio a Santa Claus dando toques en el cristal para que le abriera la ventana. Rodolfo, muy contento le abrió y recibió el regalo que durante todo el año estuvo esperando.

Lo que no se esperaba Rodolfo, es que Santa Claus, viendo esa maravillosa y luciente nariz que tenía, le propusiera que hiciera de guía en su trineo y se colocara el primero, siendo el reno líder que guiara al resto.

Pues sí, chicos,  gracias a Rodolfo que iluminó el camino con su singularidad, pudo Santa Claus entregar todos y cada uno de los regalos a todos los niños que aún le quedaban. Y así fue como desde entonces, Rodolfo va a la cabeza del trineo de Santa Claus, luciendo y guiando en la oscuridad con su roja nariz para que ningún niño se pueda quedar sin su regalo.

©Marybella

REFLEXIÓN

21D5DC47-CBD9-41B5-8E09-DF04CD6796B2

Estaba demasiado sumida en su problema dentro de su entorno familiar y laboral para poder asumir su propio conflicto interior. Este,  realmente,  se encontraba en el miedo a sentirse sola y que dejaran de estimarla. Ese pensamiento negativo, precisamente, le desencadenaba todo tipo de emociones también negativas que, inconsciente y erróneamente, le hacían sentirse protegida, tal como: la ira, la tristeza y el miedo.

Un día que se encontraba en su puesto de trabajo delante de la pantalla del ordenador, empezó a acometerla una sensación interior de luz que ayudó a su comprensión. Se dio cuenta que era a ella y a su vida misma, a lo que tenía que aprender a amar, incluso antes que a los demás, eso le daría un valor que había estado exento, hasta entonces, en ella. Dotándola de la suficiente autoestima para hacer sentir hacía afuera, lo mejor que llevaba dentro.

Necesitaba para ello, encontrar ese amor profundo y sereno dentro de sí misma, que le hiciera llegar más plenamente a su autoconocimiento y comprensión.

También entendió que un conflicto es una oportunidad, precisamente, de mirar hacía su interior para no censurar y juzgar hacía afuera. Eso la hizo despejar las dudas de pensar que todos la juzgaban y por ello dejar de estimarla, para centrarse en trabajar el verdadero amor.

También supo que el conflicto mientras existiera la vida y en ella el ser humano, no dejaría de darse. Todos tenemos ideas y experiencias diferentes sobre las cosas, pero lo que le quedó claro dentro de su corazón, fue qué lo que uno elige construir o destruir después del conflicto, no depende más que de sí mismo.

© Marybella

 

LA FIGURA SOMBREADA

La figura sombreada

No aguantaba la incertidumbre, por eso cuando se asomó a la ventana y vio una figura quieta y ensombrecida por la diferencia entre la luz que proyectaba el farol de la calle y la propia oscuridad de la noche, sintió el impulso de bajar para ver quién era y averiguar por qué se encontraba ahí, tan quieta y como esperando a algo o a alguien.

Carmen era de dormir ligero y lo era más desde que la menopausia había hecho presencia en su cuerpo. Algunas veces sus noches se llenaban de todas aquellas inquietudes que afloraban sus miedos, consiguiendo que cobraran realidad en su mente y haciendo que fuera aumentando paulatinamente su ansiedad. Por eso, ante el poco resquicio de sueño que habitualmente sentía, se veía obligada a tomar una infusión de valeriana y melisa. Eran estas plantas, si no alivio total de su insomnio, si conseguían, por lo menos, suavizarle el nerviosismo: calmándola, mientras la iban llevando a un estado de somnolencia.

Esa noche, que permanecía tumbada en la cama a la espera del sueño, sintió una leve brisa sobre su cara que comenzaba a ser fresca. Se levantó, y fue entonces, al ir a cerrar la ventana, que lo vio. Toda su calma se disipó en cuestión de segundos y pronto su mente comenzó a divagar apabullada por un malestar que le iba inundando el alma.

Fue sintiendo en su interior que esa figura estaba ahí por ella y quería anunciarle algo. Su presentimiento se fue haciendo cada vez más real, a la vez, que su inquietud aumentaba. Decidió que bajaría a la calle, mejor así, que permanecer con la agonía que la embargaba. Se echó por los hombros un chal que cogió del armario y se calzó los zapatos.

Bajó los escalones despacio y, según se iba aproximando al nivel de la calle, se fue parando en el rellano de cada planta, mientras un miedo cerval la atenazaba. Comenzó a sudar y sus pupilas se dilataron cuando la luz del portal se apagó, dejándola en la más negra oscuridad y, haciéndola sentir junto a ella como una presencia. Se acercó a la pared con el corazón latiéndole estrepitosamente y, así, fue tanteando con la mano mientras sus pies seguían avanzando de manera autómata, como si una fuerza ajena tirara de ellos. Pasado unos segundos,  dio con el interruptor y tras pulsarlo se iluminó todo el rellano.

Cuando llegó abajo y abrió la puerta del portal, la figura borrosa del hombre, ya no estaba. Debajo del farol no había nadie, solo el reflejo que proyectaba la luz. No obstante, caminó unos pasos y se colocó bajo su áurea, a la vez, que hacía incidir su mirada hacia la ventana. Entonces, se le heló la sangre. Allí, en la ventana, en su propia casa ¡Estaba él! ¡Oh…por Dios! ¿Cómo era posible esto? Ante este descubrimiento sintió como si el suelo se moviera bajo sus pies, cayendo sin fuerzas de rodillas en el duro pavimento. Se llevó las manos a la boca necesitando dar un gutural grito, pero no salió el menor sonido de su garganta. Estaba atrapada y paralizada en su propia impotencia. Y él,  que seguía mirándola desde la ventana, comenzó a reír y su risa era cada vez más fuerte, hasta que se convirtió en un ruido estridente que hería sus tímpanos. Ella, mientras, comenzó a revolcarse en el suelo, sin poder hacer otra cosa que delirar de miedo.

Poco a poco escuchó un eco lejano que fue invocando su nombre y se hizo cada vez más cercano, a la vez que se sentía zarandeada…¡Despierta! Carmen, ¡despierta! Solo es una pesadilla, no pasa nada, tranquilízate, ya ha pasado todo. Estás en casa, en tu cama, ha sido solo un sueño…un mal sueño.
 
©Marybella

UNIVERSOS DENTRO DE UNIVERSOS

IMG_6364

Cada noche, antes de meterse en la cama, a Guillermo le gustaba asomarse a la ventana y contemplar el firmamento. Había noches oscuras sin luz de luna donde los astros brillaban por doquier. Entonces, se quedaba mirando muy fijamente llegando a parecer que las estrellas se agrandaban y empequeñecían centelleando ante sus ojos.

Esa noche había terminado de estudiar un examen de física y eran muchas las preguntas que no tenían respuesta en su cabeza, pese a que le daba vueltas y más vueltas.

Siempre le había atraído todo lo relacionado con el universo y a veces, se perdía pensando lo infinitamente grande que era, a la vez que desconocido. Nuestro planeta resultaba, apenas nada, comparado con todo el orbe y, sin embargo, cuantos mundos se desplegaban dentro de él, tantos como personas construyendo día a día sus vidas.

Terminó su contemplación y se metió en la cama a dormir, mañana le tocaba madrugar para ir a clase. Cuando no había pasado ni una hora, lo despertó un brillo intenso incidiendo sobre su cara. Abrió los ojos haciéndose sombra con la mano para no ser deslumbrado y divisó como una especie de rayo que se iba agrandando hasta colapsar en su ventana. Dejaba una estela plateada, como si de un espejo se tratara.

Se sacudió la ropa de la cama y de un salto se acercó para inspeccionar mejor ese extraño fenómeno. Cuando se asomó por la ventana se quedó petrificado por la sorpresa. Vio una larguísima estela a modo de camino que se perdía hacia el firmamento y sintió una fuerte atracción, como si lo estuviera invitando a subir.

Guillermo salto sobre ella y de pronto notó, y sin que tuviera que moverse, como la estela iba desapareciendo tras él, a medida que lo llevaba a una velocidad inimaginable surcando el cielo y traspasando la atmósfera hacia el espacio sideral. La Tierra a penas era ya una bola de billar y la estela seguía viajando con ėl encima a la velocidad de La Luz.

Se acercó a cada uno de los planetas del sistema solar y viajó dentro de cada una de sus órbitas alrededor del sol. Era todo tan sorprendentemente magnífico, que solo trataba de anotar en su mente cada una de sus impresiones, para luego, poder explicarla a los científicos de la Tierra.

Guillermo salió de nuestro sistema y viajó por toda la galaxia viendo maravillas sin parangón. Pero según se iba acercando a su centro, la velocidad era más y más vertiginosa, hasta que llegó a su horizonte de sucesos y  desapareció totalmente por ese túnel sin fin que era el gran agujero negro.

No había pasado casi tiempo, cuando surgió de nuevo subido en la estela por el corazón de otra galaxia que se desplegaba con múltiples brazos formados por nebulosas y millones de estrellas. Fue viajando encima de la estela hacia los brazos exteriores de la galaxia, hasta que vio un sistema solar igual al nuestro y también una nueva Tierra.

La estela penetró en ese planeta y viajó hasta su corteza. De pronto vislumbró un edificio como el suyo y una ventana donde otro niño idéntico a él miraba fijamente hacia el firmamento.

Entonces aconteció algo totalmente mágico, entró dentro del otro Guillermo a la vez que se convertía en una pequeñísima partícula de luz que lo iba irradiando, mientras iba explorando ese otro basto universo, formado igualmente de minúsculos cuerpos girando en el vacío. Ese nuevo universo era su cuerpo, formado por millones y millones de células todas programadas para realizar perfectamente la función a la que estaban destinadas. Cada vez se iba infiltrando en componentes más minúsculos hasta introducirse dentro de una célula y llegar a su núcleo, y siguió viajando encontrando nanoparticulas y por fin llegó a los quart, que es la mínima expresión de la materia, para convertirse en pura vibración. Fue allí, desde esa dimensión, donde solo era una onda surcando el vacío , donde se dio cuenta que todo estaba en continuo movimiento. Era igual que un ventilador con sus aspas en funcionamiento, parecía no tenerlas, se veía unido, pero realmente era un engaño de la percepción. Todo estaba girando sumamente rápido y de manera vorticial en un gran vacío.

Fue en ese momento que comprendió una de las siete leyes espirituales del universo, que dice: «Igual que es arriba es abajo» . Y también comprendió dentro de la astrofísica que las leyes de la relatividad para el universo forman un continuum con las leyes de lo muy pequeño, de lo que se ocupa la mecánica cuántica a nivel subatómico.

A veces, todavía recordaba la experiencia tan fabulosa que experimentó aquella lejana noche de su primera adolescencia…nunca supo si fue un sueño o una realidad soñada. Lo que si sabía era que lo catapultó a ser después un físico teórico o astrofísico muy renombrado, que buscaba incansablemente verdades que revelaran a la humanidad el maravilloso prodigio que éramos.

©Marybella

NUNCA IMAGINÓ…

fusilamiento

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, mi vida comenzaba de nuevo.

Estaba ante la agonía que el destino me tenía preparado, cuando un vuelco del mismo lo cambio inexorablemente.

Todo bajo mis pies comenzó a temblar, seguido de miles de particulas que me golpeaban y envolvían mi cuerpo, mientras mis oídos ensordecian ante el impacto de un estruendoso ruido.

Pasados unos minutos que parecieron siglos y después de un profundo silencio en el que nada pasaba, y donde llegué a suponerme muerto, me atreví a subirme el pañuelo que me ocultaba los ojos, y allí, comprendí de lo que la Providencia me había librado.

Ante mí, y en el suelo, se abría una grieta de más de tres metros de ancha que se alargaba y quebraba longitudinalmente cientos de metros. Y lo había hecho donde antes estaba el pelotón de fusilamiento, tragándoselo sin dejar ningún rastro.

Nunca podrían haber imaginado que la naturaleza ya había elegido de antemano a quien enterrar.

©Marybella

CUÉNTAME…

cabalito alado

Y el mar aburrido quiso soñar: aparecieron las sirenas con sus encantadores cantos. Después la tierra no quiso ser menos y en su sueño se dibujaron los duendes como juguetones entes verdes. El cielo los miraba y acunó al aire para que también soñara. Entonces lo surcaron los dragones, los caballitos alados y las luciérnagas que pintaron un arco iris de mil colores.

Ya estaba todo dispuesto para que un nuevo mundo naciera. El mundo de los cuentos comenzó su debut y la imaginación hizo de madrina para que fantasía tomará la batuta dirigiendo la orquesta de la vida.

Así surgió un mundo de nuevas luces, que a los niños encandilaba y donde todo era posible para darle realidad a sus sueños, que a veces, también los habitaban.

©Marybella

AMOR MÁGICO

image

Todo era mágico en esa mañana desbordante de luz. Ella, joven y bella, estaba enfrascada en la lectura del libro que en el regazo sujetaban sus manos,  dónde el personaje principal, un joven noble y valiente la tenía arrobada. Hacía días que su imaginación soñaba con él y se dejaba llevar por todo lo que consideraba que lo caracterizaba. Tanto había pensado en este joven de ficción, que casi lo había hecho realidad.

En el puerto, el escenario estaba salpicado de azul. El azul del mar y del cielo unidos creaban un juego fastuoso de matices, mientras las barcas se mecían al suave compás de las ligeras olas que se habían colado discretamente en el muelle. Se llamaba Elisa y era grácil y esbelta, de proporciones perfectas. Su cara era dulce y armoniosa y cuando por ella surcaba su sonrisa, el sol nacía de nuevo para reflejarse incansablemente en sus bellos dientes de nácar.

El día que libraba de su trabajo en el hospital, pues era enfermera, le gustaba ir al puerto y sentir el olor a brea mezclado con el salitre del mar. Entonces una paz interior la poblaba y se veía arropada por la bendición de esos momentos deliciosamente perfectos y mágicos. Todo ello conseguía que se fundiese en el majestuoso cuadro que la envolvía y poco a poco se fuera abstrayendo, concentrándose en la historia que estaba leyendo.

Siempre le gustó el mar y sentir su belleza brava cuando desde chiquita lo miraba y se llenaba de su liquida y enorme bastedad. En esos momentos era como si formara parte de ėl y alcanzará el nexo perfecto para deslizarse por su superficie y sentir la frescura de su caricia.

Así se encontraba, cuando oyó una sirena emitir un profundo y estridente sonido. Se hizo sombra con la mano para ver la entraba en el puerto de un gran barco y percatarse como delante iba el práctico, que era el que poco antes había hecho sonar la sirena y se encontraba dirigiendo la operación de atraque mientras lo iba guiando para hacerlo llegar al lugar deseado. Dejó de leer y sus ojos se pegaron al barco, en concreto a su proa que era donde estaba un oficial con gorra de plato y uniforme níveo. No sabía por qué, pero algo la subyugaba de esa varonil figura. Lo supo alto y lo imaginó de rasgos marcados, con mucho porte, a la vez que creía adivinar que bajo su guerrera se ocultaba un cuerpo escultural y fibroso, evidenciando su manifiesta juventud.

A ėl tampoco se le pasó por alto ese punto de luz, que con forma de mujer adornaba majestuosamente el cercano amarre, donde ya casi estaban llegando. Sus ojos estaban en sombra bajo la visera de la gorra, eso le permitía fijar de forma audaz su mirada en ella. A cada metro que se acercaba la iba descubriendo como si no fuera terrenal y se hubiera materializado un bellísimo ángel. Era tanta la belleza y serenidad que la envolvía que creyó se trataba de un sueño.

Él era egipcio, se llamaba Ramsey, nacido en El Cairo, su piel estaba como bañada de sol, de ahí su tinte tostado, más dorado que oscuro. El uniforme hacía que su cara pareciera más morena. Efectivamente, sus facciones estaban muy bien dibujadas, dándole una apuesta distinción y expresividad a su cara. Elisa, creyó ver visiones debido al efecto del sol que le daba de lleno, mientras sus ojos se clavaban plenamente en este exótico joven por el cual iba sintiendo como el corazón le comenzaba a latir a un ritmo cada vez más desenfrenado.

Después de amarrado el barco, habiendo pasado pocos minutos, Ramsey no pudo aguantar acercarse a la joven sentada en una de las pasarelas del puerto. Tenía necesidad de estar próximo a ella, de oír su voz, de extasiarse con la contemplación de su estampa, empujado por la atracción que le embargaba. Cuando dejó la proa para bajar a tierra, Elisa dejó de verlo y sintió vértigo de que solo fuera un espejismo. Había sentido una fuerza tan imperiosa por ese desconocido, que ahora que lo había perdido de vista sufría por su ausencia. Algo le decía en su interior que el personaje de su libro se había transmutado en alguien real y ya no era un personaje de ficción. Se sentía como si ella lo hubiera invocado desde su más ferviente deseo y eso lo hubiera dotado de vida.

Elisa de pronto visualizó una esbelta sombra proyectada en el suelo y que llegaba a tocar su figura, se giró ligeramente y quedó totalmente sorprendida. A unos metros de ella se encontraba el oficial de la gorra de plato. La miraba intensamente, con esos ojos profundos y muy oscuros que ella tanto había imaginado sirviéndose de su pensamiento. Sentía como si ya lo hubiera vivido y solo lo estuviera evocando.

Ramsey dio unos pasos y se acercó alargándole su mano para ayudarla a levantarse. En ese momento, ante el contacto de sus manos, ambos sintieron como si la tierra se estremeciera bajo sus pies y todo hubiera cambiado, para después volver a recolocarse reubicando cada elementos en su nuevo lugar. Todo cobraba un claro significado muy comprensible para ellos. Ahora una luz diferente ayudaba a matizar sus vidas, dotándoles de la certeza que desde siempre había existido su amor. Reconocieron el porque de cómo el mar y el amor estaban desde siempre entretejidos en sus vidas.

Y es que nada es imposible cuando el universo se alinea con uno mismo para prodigar aquel deseo excelso, que desde lo profundo del ser, se va modulando hasta su manifestación.

©Marybella